14 de septiembre de 2013

Política

Política. Mil trescientas almas celebraron la década lunghista

“Mil trescientos”, dijo Julio Elihribehety, quien estuvo a la cabeza organizativa de una celebración que tuvo de todo: asado, humor (con la magnífica actuación del Gato Peters), pero especialmente un fuerte contenido emocional que superó a la elemental nostalgia que imponía el acontecimiento. Un 14 de septiembre de 2003 Miguel Lunghi ganó una elección histórica y a diez años de aquel día en que nació políticamente el lunghismo, desde el comité radical se estableció una velada para festejar ya no sólo aquella victoria utópica sino los diez años que el pediatra lleva en el poder. Funcionarios y amigos de la gestión, con estrictos delantales rojos, fueron los mozos que sirvieron los platos de la concurrencia. María Inés Mazza y Cecilia Corán tuvieron a cargo la locución y animación del acto. Vecinos de todos los días, muchos empresarios, periodistas, artistas (sobresalió la presencia de René Lavand), amigos, militantes radicales, dirigentes barriales y sectores independientes, formaron parte de la muchedumbre que se dio cita en las instalaciones de la Sociedad Rural. A $75 la tarjeta y con una escenografía que revivía cada elección ganada por el lunghismo a lo largo de la década, el acto tuvo un solo orador: el intendente municipal. Lunghi, como pocas veces le ocurre, lució emocionado a la hora de improvisar sus palabras. Antes de hablar había sido sacudido con la proyección de un video donde sus hijos le habían dedicado palabras de afecto y elogio, de modo que la pieza oratoria del intendente se dio en ese marco de conmoción sentimental. En uno de los tramos más emotivos del discurso, Lunghi señaló que “muchos vecinos ya no me dicen, como antes, ‘señor intendente’, o ‘doctor’… esas cosas que se dicen por respeto a la investidura. Hoy me llaman Miguel, tal como pueden llamar a un amigo, por el nombre, y eso me emociona… es una de las cosas que uno se llevará a su casa cuando mi historia con la función pública haya terminado”, expresó. A la hora de revivir aquel 14 de septiembre de 2003, el jefe comunal contó algunas anécdotas de cómo había vivido, en compañía de Juan Pablo Frolik, los vaivenes anímicos del escrutinio. “Era un domingo nublado, hacía frío. Voté temprano y con el Flaco Frolik lo pasamos en un campo amigo… Hasta las seis de la tarde en que nos encerramos en el estudio del Flaco para seguir la votación por la radio. Imagínense el ánimo con que  arrancamos el escrutinio que la primera mesa del voto a voto, en la Municipalidad, había dado: Partido Justicialista 140 votos y nosotros 75. Al final logramos sacar una diferencia de 1 voto por mesa, porque en ese entonces en Tandil había 283 mesas de votación”, memoró el intendente. Durante el discurso, Lunghi dijo que había cumplido todo lo prometido y durante los minutos que habló se encargó de agradecer especialmente a su familia por tantos años donde “estuve muy poco tiempo en casa, y cuando he llegado muy tarde, por las contrariedades de la gestión, han tenido que soportarme no precisamente con el mejor humor…”, reconoció entre murmullos y risas. En otros tramos del mensaje agradeció el afecto de la gente y el haber podido trascender la camiseta partidaria: “Me pasa a menudo que viene un vecino y me dice: “Soy peronista pero en Tandil lo voto a usted’”, contó. “Amo esta ciudad, aquí me formé, aquí trabajé 37 años de pediatra… Aquí está mi familia, mis amigos. Lo único que me importa es el amor que tengo por Tandil y el orgullo y el agradecimiento que mis vecinos me hayan confiado administrar la ciudad durante todos estos años”, dijo con la voz tomada por el temblor. Tras el discurso, el festejo de la década lunghista se trasladó al humor. Estuvo a cargo del Gato Peters y la narración de sus desopilantes historias rurales, típicas del interior de la provincia de Buenos Aires. El final del show del artista pareció resumirlo con su afortunada despedida: “Ahora la modernidad hace que tengamos 5000 fotos, por la cámara digital o el celular, pero en realidad no tenemos ninguna. Porque casi nadie imprime esas fotos, o sea… estamos llenos de fotos que no tenemos entre las manos. Antes la cosa no era así. Cuando llegaba el fotógrafo era una ceremonia, así lo vivimos y así guardamos aquellas fotografías del bautismo, el cumpleaños de quince, el casamiento, que se fueron poniendo viejas, ajando el papel, tomando el color sepia. Bueno, les pido que esta tarde nos llevemos de acá esa foto. La foto de una celebración popular, participativa, entre amigos. La foto de la emoción compartida entre todos nosotros…”, cerró el artista en medio de una ovación. Como le ocurrió a Miguel Lunghi, en ese instante a muchos de los presentes se les piantó un lagrimón. Por esa foto alegórica. Por los que ya no están en esta foto. Hablaba, el Gato Peters, de la foto del alma, una imagen de honda emotividad que cruzó el corazón de muchos vecinos que estaban allí, en el mismo lugar que hace diez años, cuando comenzó esta historia.

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