5 de agosto de 2013

Papel

Papel. Adiós al último patriarca de la Tienda El Parque

La palabra es el oro de los árabes. Su tienda poseía el bien más preciado, la conjunción mítica: la mejor calidad al precio más bajo. Nadie que haya pasado por allí podrá desmentir un capital intangible que pocos comercios atesoran a lo largo de su historia: el tenerlo todo o casi todo en sus estantes. La Tienda El Parque fue a las tiendas del siglo veinte lo que Roqui es a los productos electrónicos del siglo veintiuno. Un aleph, un punto desde se veía todo el universo de su inagotable stock. Con su slogan de leyenda, la tienda que tenía todo “para el campo y la ciudad”, esos dos mundos donde la urbanidad y la ruralidad confluían en una misma galaxia. La que construyeron los Zugbi y los Abait como un fenómeno que nunca jamás habría de enseñar el marketing muchos años después: el vecino, cualquier vecino, podía entrar sin un centavo en el bolsillo a la tienda, y llevarse lo que quisiera, que “cuando cobre viene y lo paga”, decían sus dueños. Comerciantes de raza con una ética hoy cuasi inexistente: eran capaces de llegarse hasta el domicilio del cliente para informarle que esa mercadería que había pedido a Buenos Aires ya estaba esperándolo en el estante de la tienda. En la víspera, Don Enrique Sugbi emprendió el largo adiós. Su duende quedó allí, en el empedrado de la Avenida Colón, entre los fantasmas insepultos de una tienda única y literalmente irrepetible.

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