26 de julio de 2013

Política

Política. Diario de Campaña (16): El Tuneador de candidatos

Photoshop. “Es un tecnicismo digital patético que reduce mi arte a un mero programa de computadora”, se queja El Tuneador de candidatos a ElDiariodeTandil. Los recientes trabajos que realizó sobre la edil mandato cumplido Corina Alexander y el psicoanalista radical Adolfo Loreal (a quien transfiguró en una especie de melancólico galán de telenovela venezolana), lo volvieron a catapultar en el ágora comunicacional como un reputado alquimista de la imagen política, un mago de la belleza súbita, por decirlo así. “Soy un esteticista del afiche”, señala nuestro personaje. En 2003, cuando el pediatra Miguel Lunghi comenzó a inquietar al peronismo desde su candidatura estilo Cid Campeador, ocurrió un inesperado golpe en la campaña: una gigantografía de Lunghi ocupó la extraordinaria marquesina del entonces Bar Ideal. Allí, con una media sonrisa, apareció el rostro del actual intendente, pero con un emprolijamiento moderado de sus notables ojeras. El Tuneador suavizó aquellos dos profundos cráteres que aparecían bajo los ojos del candidato. Fue su debut ligth en la corriente esteticista llamada a cautivar a las muchedumbres desde un cartel publicitario. “Todos recuerdan las ojeras de Lunghi, pero mi trabajo más brillante fue el que hice sobre el teniente coronel Julio Zanatelli. Lo convertí en una mezcla de John Wayne y Homero Simpson, extraña transmutación que le sirvió para ganar en cuanta elección se presentó”, evoca El Tuneador de candidatos. De aquí a las primarias y luego en línea recta hasta las elecciones de octubre, sabe que sus servicios están siendo requeridos por (casi) todo el espectro político lugareño. “Ustedes destacan sólo mi cirugía facial sobre Corina Alexander, pero no registran la magnífica transformación que hice de la funcionaria Miriam Iglesias. Hay que observarla muy detenidamente para aceptar que es ella…”, sorprende nuestro personaje. También asume haberlo tuneado “levemente” a Rogelio Iparraguirre, que aparece con menos años y ya  sin el tinte del Guevara camporista bajando de Sierra Maestra, y del propio Pablo Bossio, en el folleto notablemente con más altura que su estatura natural, “aunque todavía falta agregarle por lo menos cinco centímetros de cogote, ya que es un candidato sin cuello”, puntualiza. Una figura pública aún se resiste a caer bajo sus manos: el edil Claudio Ersinger. “Tiene un rostro muy duro, los bigotes también le agregan un matiz algo primitivo a su imagen. El apellido connota a la máquina de coser Singer… o sea que suena a cosa hermética, medio sajona… Así que para suavizar esa cara habría que hacer chapa y pintura completa. Pero Ersinger es un conservador apegado al tradicionalismo rural. Como todo gaucho, supone que vaca que cambia de querencia atrasa la parición, como decía Hernández, por lo tanto nunca habrá de cambiar nada de sí mismo”.

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