23 de julio de 2013

Política

Política. Diario de Campaña (13): ¿Habrá debate?

, Dr. Mario Bracciale, en la reñida elección a intendente de 2003, fue el pico más alto que encontró este foro. Nadie nunca supo muy bien por qué Bracciale no concurrió a la Cámara Empresaria; en la ocasión fue reemplazado con esperada solvencia por el candidato  a concejal Javier Levigna (por entonces el chofer de Río Paraná también había adquirido una inusitada destreza retórica debido a su experiencia radiofónica). Eran los tiempos en que lo debates resultaban televisados en vivo por el canal local, lo que creaba la ilusión –probablemente óptica- de que medio pueblo estaba viendo el monocorde espectáculo de los candidatos exponiendo sus ideas, pero evitando lo mejor: el trenzarse cuerpo a cuerpo con el oponente. Otro candidato que pasó a la historia por el uso de una muletilla muy graciosa fue el martillero Osvaldo Terni. Cada vez que el moderador lo invitaba a exponer sobre determinada cuestión, Terni decía con su latiguillo preferido: “¡Ah, la seguridad! ¡Qué tema la seguridad, eh!”. Formado en las tablas y con dotes histriónicas a raudales, Terni fue un digno exponente de los voluminosos paneles donde exponían los candidatos induciendo al bostezo de la audiencia. Algo así produjo, en su debut como panelista, el candidato Néstor Auza. Todos sus adversarios temían enfrentarse con él debido a su conocida solvencia intelectual, producto de su formación académica. Pero fue paradojalmente este detalle –a caballo de un lenguaje hermético- lo que convirtió al ex rector en una suerte de tecnócrata en el uso de un léxico inextricable que lo alejó no sólo del entendimiento del público sino hasta de los propios expositores. Su frase de entrada quedó en la imperecedera memoria política de aquel debate: “Vamos a implementar la movilidad social ascendente, con los índices macroeconómicos y la fidelización de los estamentos científicos a favor de la sinergia cultural y el sistema productivo como atributos en las políticas proactivas para Tandil y la región”. Si los partidos en esta oportunidad llegaran a un acuerdo, se prevé que los asesores de imagen ya tienen pensado como blindar a sus candidatos con las mejores armas para la batalla retórica del debate. En el caso del kirchnerismo, se dice que a Pablo Bossio ya fue provisto de un moderno GPS, a fin de que no confunda el barrio Rodríguez Selvetti con las Tunitas, la Plaza del Tanque con el Monumento al Corcho, o el Paseo de los Pioneros con el Paseo de los “Piononos”, lapsus linguae del que se teme debido a su escasa experiencia en el atril donde el político debe seducir a las muchedumbres. Para el mutualista Raúl Escudero, habituado a las metáforas futboleras, al lado del vaso de agua se le colocará como ayuda memoria a sus figuras literarias, un libro de Sacheri y otro de Fontanarrosa. Pero el caso de Atilio Magnasco desvela a sus asesores. Temen que una suerte de pánico escénico irrumpa en la psique del candidato. Allí estará entonces, con el diván a cuestas, su compañero de lista, el psicoanalista Adolfo Loreal. En caso de que Magnasco defeccione siempre estará a mano para el freudiano terapeuta la excusa del karma que significa en cualquier hijo ir por la vida cargando el ilustre apellido de un padre que además de padre transmutó en la figura de un queso. “Sobre todo si tenemos en cuenta lo peyorativo que sonaba el vocablo ‘queso’ en los potreros barriales donde Atilio era el último de los elegidos cuando los dos más avezados jugadores formaban los equipos…”, argumentó Loreal, humillación probablemente revelada a la hora de la terapia. Para más información acerca de este tópico, se recomienda la biografía autorizada Ese pibe es un queso, Vida y obra de un futbolista frustrado, Atilio Magnasco, pag. 45. Editorial Don Atilio. Bibliografía anexa: Apuntes para el necesario parricidio, por Juan Carlos y Victorino Pugliese, Editorial El Maestro, 1998.

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