11 de junio de 2013

Papel

Papel. El Chevrolet anfibio y la frontera entre lo público y lo privado

“Cuento lo que pasó porque muchas veces se habla de hechos policiales, como que el auto había sido robado y acá eso no sucedió…”, dijo al Portal el hombre que se metió al agua para socorrer a las cuatro personas que venían en el auto hundido en el arroyo que desemboca en el Dique, ubicado en el extremo del playón del estacionamiento. Según la Policía, Pablo Gago, el denunciante, dijo que a eso de las 5.30 de la mañana advirtió que algo le faltaba en su vida: era el auto. Dedujo ante el agente que le tomó la denuncia que, tal vez desorientado por los efluvios etílicos de unos cuantos copetines bebidos bajo la opacidad del crepúsculo, salió a buscar el coche con sus amigos, como quien sale a rastrear el unicornio azul, ya que probablemente, añadió, su mente había perdido las coordenadas exactas del momento y el lugar donde lo había dejado estacionado. Es obvio entonces que no hubo robo ni extravío del coche. Que jamás hubo un cuerpo dentro del automóvil. Que hubo, por lo menos, una falsa denuncia del dueño del auto, quien después de denunciar el robo alegó que en realidad le había dado las llaves del auto a su hermano y un amigo. Y que, tomando en cuenta este relato naturalmente inverosímil, la Policía decidió realizarle el test de alcoholemia, el cual dio positivo. Hasta allí la noticia que es pública; ir más allá significa adentrarse en el árido territorio de la vida privada donde la imaginería y la realidad componen un óleo social más próximo a los glamorosos papelones del pueblo chico que supuestamente dejamos de ser, a la urbe de rango intermedio en la que creemos vivir. Hay en esta ciudad una fuerte tradición nunca desmentida: sostiene que en Tandil la realidad doblegó a la ficción. Que la desmesura se apropió de todos los relatos, aunque para certificar su legitimidad se exija a la prensa las huellas dactilares del escándalo. La noticia del Chevrolet anfibio ya forma parte del frondoso anecdotario social en cuyo ranking, invencible, todavía fulgura la anécdota del Rey de los Boludos Tandilenses, la mejor historia jamás contada. Después le sigue de cerca la historia del empleado judicial que estuvo a punto de que los médicos le amputen su pene por pretender una erección invencible con la fatal introducción de un anillo en su miembro viril. Lo ocurrido en la antevíspera en el Dique se inscribe en esa tradición constitutiva del axioma pueblo chico-infierno grande. Es la delicada frontera que este sitio decidió no atravesar.

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