10 de junio de 2013

Política

Política. Cerone contra el Cristo Redentor de Lunghi

Miguel Lunghi anunció la construcción de la réplica de la Piedra Movediza: un interés económico personal como disparador del poco consistente rechazo filosofal. (“Me opongo porque tengo miedo que la réplica mate el mito”. Cerone dixit). En la víspera, Luis Cerone se pronunció abiertamente en contra del nuevo monumento que irá a coronar un cerro de Tandil cercano al Paseo del Bicentenario. En declaraciones al diario La Voz de Tandil, el prestador turístico adujo que se podrían utilizar esos fondos para embellecer otros paseos de la comarca, tal el caso del Monte Calvario, señaló. También justificó su rechazo al Cristo Redentor sosteniendo que la obra era una suerte de capricho personal de Lunghi para asegurarse la posteridad con el citado monumento y una placa recordativa al pie de la estatua. En la misma línea dijo ser coherente con su decisión, en 2007, de oponerse a la réplica de la Piedra Movediza, pero revisó la historia a medias: en los 90, durante el zanatellismo, fue el propio Cerone quién urdió un proyecto para la empresa Reginagum (donde trabajaba) con el diseño de una réplica muy parecida a la actual. Será por eso que recibió duras críticas al considerar que su oposición a la réplica tenía una motivación económica, dada la conjetural competencia que habría de producir la réplica sobre las aerosillas del Centinela, cuestión que, como lo aseguró la historia, quedó totalmente descartada. Los fundamentos de oposición que Cerone produjo en la víspera parecen calcados de aquella polémica que clausuró un ciclo de 95 años con el tema Movediza sin resolver. Es una pena que el prestador salga con los tapones de punta al ruedo mediático cada vez que percibe que un emprendimiento ligado al turismo roza los intereses económicos de su empresa. Probablemente no sea así; quizá Cerone sienta con auténtica convicción que los fondos del Cristo Redentor pueden ser destinados al embellecimiento de otros paseos. Ojalá fuera de esta manera, pero la realidad es que sus dichos no parecen objeciones de fondo –de carácter ideológico, teológico o como el natural discurso de un político opositor y en campaña- que fundamenten con hondura y densidad su opinión siempre escuchada. Es su opinión, subjetiva y respetada como todas, y no deja de trasuntar una de las habituales paradojas tandileras: que la posteridad vaya a confundir al ser ideológico de Cerone –conservador de derecha y escasamente afecto a la cosa pública- con un empresario progresista, un iconoclasta de los símbolos judeocristianos, un portador del pensamiento anticlerical de la comarca por oponerse a que sobre un cerro del pueblo se levante la figura de un Cristo Redentor de diez metros de altura. La historia no puede permitirse esos errores ideológicos con quien desde siempre fue y es lo que es: un hombre de negocios hasta la última molécula.

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