4 de junio de 2013

Papel

Papel. El último personaje

Ulysses: Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres. Macoco no ha muerto. Se ha desvanecido de las calles tandileras hasta convertirse en un ser impalpable. El cambio de costumbres de la ciudad de la postmodernidad ha sido tan brutal que hoy su figura representa un furibundo anticlímax. ¿Qué podía hacer esa especie de linye andrajoso con una botella de cualquier alcohol bajo el brazo entre la atmósfera cero donde camina hacia su sepulcro el Pensamiento Oficial del Mundo? Macoco es el último personaje y –a diferencia de tantos otros personajes como él que, lisa y llanamente, se murieron sin más- su alma impávida quedó flotando en las esquinas y en los intersticios de los adoquines que hoy no lo ven pasar. Pero que no lo veamos pasar, no significa que no esté. Macoco es el epígono de Cachafaz, de la Globera, del Bicho Moro, de Culito, de la Negrita María, de Carlitos del Campo, de Archipetre, El Hombre Orquesta, de Camilo Borga. Es la pesadilla confrontativa a tanto “bebedor social” escondido entre las cuatro paredes de su casa. Macoco es la botella que se convirtió en barrilete. Es el personaje que trascendió a sí mismo. No lo vemos. No está pero no se murió ni se exilió ni se convirtió, de golpe, en un vecino normal, como cualquiera. No está y sin embargo ahora, en la mesa de café, mientras se sienta, estira las piernas y se frota las manos, le pregunta al articulista: “¿Quién es para usted el último personaje”?

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