5 de mayo de 2013

Política

Política. Pensar Tandil, la tarea más ardua para el kirchnerismo

Miguel Lunghi, antes de la elección de 2003, concibieron el Libro Rojo (un verdadero manual para la futura gestión), los cuadros de Diego Bossio parecen repetir aquella modalidad en la búsqueda del gobierno municipal. Se sabe que no se puede entender lo que no se conoce. De cara a este silogismo, el kirchnerismo de Tandil diseñó un evento político a dos puntas. Por un lado, comenzar a librar una suerte de batalla cultural en los temas importantes de los vecinos que achiquen la distancia entre ideología y electorado. Y por el otro, arraigar hacia dentro del espacio político la figura de un conductor, Bossio, por sobre los vedetismos clásicos y las luchas intestinas del peronismo tandilense a pocos meses de las primarias y la elección de medio término. Un primer problema enfrenta el kirchnerismo a la hora de pensar Tandil: la escasa empatía de los sectores medios e independientes con el proyecto que lidera Cristina Kirchner. La protesta del agropiquete vernáculo acompañado con masividad por la clase media urbana durante el conflicto del gobierno nacional con el campo, y los últimos multitudinarios cacerolazos dan cuenta de esta distancia. El segundo problema radica en la ausencia, por ahora, de un candidato síntesis que refleje, hacia arriba, la quintaesencia cultural del kirchnerismo y tenga, hacia abajo, una fuerte representatividad en la comunidad. Con la excepción de Néstor Auza –y aún con las limitaciones que el ex rector padeció en las urnas- no hay en el horizonte de la dirigencia que hoy representa el núcleo duro de Bossio un candidato que traccione los votos necesarios para ganar una elección. Habrá que ver si esa figura aparece por fuera del microclima de la política o se la va esculpiendo con la mira puesta en 2015. Más allá de estos dos imponderables, el evento “Pensar Tandil” que Bossio cerró como único orador dio una primera señal importante: el kirchnerismo está pensando cómo construir poder en una ciudad que hasta el presente le ha sido esquiva. Comenzó a diseñar su propio Libro Rojo, como epígono de aquella publicación que los equipos técnicos del naciente lunghismo, dirigidos por Julio Elichiribehety, le armaron al pediatra radical siete meses antes de la elección de 2003 que ganó por 280 votos al justicialista Mario Bracciale. Ese texto se convirtió, al cabo, en la plataforma política y el ideario de la gestión de Miguel Lunghi, o para decirlo en términos de consignas en el embrión del Tandil Soñado. Con sólo 33 años y como conductor natural del mundo K en la serranía, Bossio necesita corroborar hacia dentro de su espacio político y hacia arriba –en la liga mayor donde juega- que no sólo está pensando en Tandil, sino que también conoce la ciudad en la que nació y, fundamentalmente, la idiosincrasia mental del ser tandilense.

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