22 de abril de 2013

Sociedad

Sociedad. Sepultados en cereal que vivieron para contarla

trágico deceso de Pedrito Pianzola, tragado por una monotolva, disparó el interrogante sobre la probabilidad de una muerte de esas características. EldiariodeTandil recogió dos testimonios que indican que ese tipo de accidente, si bien es infrecuente, ha ocurrido otras veces. Bruno Manazzoni, ingeniero agrónomo de 34 años, recordó el hecho que lo marcó de por vida cuando tenía apenas seis. "No se si por imprudencia de chico o el descuido de los mayores, me metí en un carrito silero. Estaba con mi primo y eso afortunadamente me salvó porque el dio aviso a mi papá". A esa edad le fascinaba el remolino que comienza a formarse dentro del carro, en la parte superior, "cuando uno abre la boquilla y el cereal empieza a salir". Bruno entró al carro, directo al embudo que comenzaba a formarse: "Recuerdo que en un momento le dije a mi primo que no podía salir. El cereal me tapó. Te quedás sin aire". "Tuvieron que volcar el carro para sacarme, había perdido el conocimiento por falta de oxígeno", recordó el agrónomo. Por ese entonces se utilizaban carros sileros abiertos, los monotolvas actuales son cerrados y su funcionamiento más complejo. "En ese momento los carros eran diferentes y era más fácil acceder". Al periodista Guillermo Tenaglia el accidente del domingo le trajo ecos de su pasado en los campos de Oriente. "Mi padre era contratista rural y yo, que tenía diez años, lo acompañaba como todo nene acompaña a su papá", relató. Con su padre ausente por unos minutos, Tenaglia se quedó observando como el encargado del campo trasvasaba trigo a un silo. "Estaba sentado en un extremo del carro viendo correr el cereal", explicó el periodista. Fascinado por el movimiento continuo y el sonido de cascada de esos granos dorados, casi como un autómata, terminó dentro del carro. "Me metí y me succionó el cereal, empecé a gritar, desesperado porque no hacía pie". Cuando el peón escuchó los gritos trepó raudo la escalera del carro. "Yo ya tenía el trigo hasta el pecho, cerró la boquilla del carro para que el chimango no siguiera succionando y volvió a rescatarme, yo ya tenía el trigo al cuello", memoró. Nunca olvidará que en ese momento arribó su padre, que había ido a buscar unas botellas de mate cocido para la merienda: "Cuando vio que el chimango trabajaba en vacío se enojó porque pensó que con el peón nos habíamos distraído". Y confiesa que cuando se enteró de la tragedia de Pedrito "me vino todo aquello a la mente". Sensibilizado, de inmediato llamó a su madre. Le contó lo que había ocurrido y juntos recordaron aquel incidente del carrito silero, cuando la taba salió suerte y la travesura no terminó en desgracia.

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