22 de abril de 2013

Papel

Papel. Crecer de golpe

esperando. Al aguardo que los tres amigos, Mateo, Tomás y Juan, salgan con vida de la encrucijada. El gerundio responde al tiempo verbal en el que hoy viven. Hasta el domingo todos ellos eran tan jóvenes que no tenían pasado. Tan jóvenes que nunca se habían puesto a pensar en lo que la mayoría de la gente se pone a pensar cuando se diluye, digamos, esa magia efímera que es la juventud. La muerte, para ellos, hasta el amanecer del domingo no era ni un destino, ni un final de un ciclo, ni una emboscada. Sencillamente, no era. No tenía un ser. Ocurre que la adolescencia no es un tiempo de espera. Es un tiempo de acción, de búsqueda, de prueba y error, de grandes equívocos, de hallazgos y asombros. También de tempranas decepciones. Todo duele mucho más en la adolescencia aunque se diga que hoy los adolescentes son distintos a los de las generaciones pasadas. ¿Distintos en qué? La existencia duele pareja cuando nos arroja su rostro menos pensado: el de la muerte brutal y absurda. El rostro de lo irreparable. De lo que ya no se puede cambiar, de lo que nunca más será igual. Ahora ellos, que están allí sentados sobre la vereda de la Chacabuco, con quince, dieciséis, diecisiete años encima, saben, sienten o presienten que los que quedamos vivos estamos hechos de la materia de los sueños, como escribió Shakespeare, pero también del insondable vacío que nos dejaron nuestros muertos. Lo supieron de golpe, como un estallido feroz, como un puñetazo en el plexo. Así, sin permiso y sin aviso, la muerte les dio el primer anuncio de lo que es la vida real. La muerte les clausuró para siempre aquel estado de gracia adolescente que los había convertido en seres intocados por la desgracia, bellos, libres y eternos. Todo cambió en un segundo y en estas horas trágicas ellos siguen ahí, esperando. Con la pluma del dolor, hace ya un tiempo Silvio Rodríguez dejó escrito para siempre aquel verso terrible y revelador que hoy los chicos que aguardan por la salud de sus amigos en la Chacabuco también podrían cantar a media voz: Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida.

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